Disponer de un Sistema de Gestión de Compliance penal certificado, es una herramienta que da respuesta a las exigencias regulatorias de mercados y clientes, eliminando posibles barreras de entrada. Contribuye a posicionar a la organización con un elevado estándar ético y de compromiso con las mejores prácticas de gobierno corporativo.

Lo que en un primer momento supuso una obligación fastidiosa se ha convertido en una ventaja competitiva que aprecian claramente a nivel mundial los socios comerciales, desde proveedores y clientes hasta la propia Administración.

Por tanto contar con un programa de cumplimiento normativo certificado va más allá de evitar penas o sanciones.  Es una de las conclusiones que se extrajeron de la tercera edición del Congreso Internacional de Compliance, organizado por Thomson Reuters y ASCOM.

Alain Casanovas, miembro de la junta directiva de ASCOM y socio responsable de servicios de compliance en KPMG Abogados, apoya los procesos de normalización internacional, que «nacen de la preocupación por el soborno, así como que la percepción de la corrupción está extendida por todo el planeta«.

El experto señala que precisamente la evolución internacional de las certificaciones en cumplimiento normativo va a ir aumentando y apunta que estas certificaciones se configuran como «un elemento de valor añadido en concursos y operaciones internacionales, por lo que si unas compañías se certifican, el resto sigue su estela«.

Fuente: EXPANSIÓN